¿Por qué nos enfadamos cuando tenemos hambre?

Por qué nos enfadamos cuando tenemos hambre

Existe un dicho que dice que “de la alegría al llanto tan solo hay un pequeño paso” y esto se aplica claramente cuando hablamos de comer.

¿Por qué ese mal humor nos entra con el hambre?

Una gran variedad de estudios científicos han revelado que la mayoría de las personas se vuelven irritables, especialmente, cuando tienen hambre. Existen ocasiones en las que el estado de ánimo sufre diversos cambios, sobre todo, en ciertas horas.

El cuerpo humano posee una serie de mecanismos que hacen que él mismo caiga en una especie de rutina, sobre todo, durante algunas horas en las que siempre se realizan ciertas tareas, haciendo que el día a día se convierta en una perfecta planificación.

Por ejemplo cada vez que anochece tenemos sueño y a medio día comienza a producirse en nuestro cuerpo la necesidad de alimentarnos.

Esa sensación de posponer la hora de comer o tener que prescindir de la misma puede llegar a convertirse en un gran problema para muchos. Es prácticamente imposible no enfadarse cuando no se puede comer a la hora a la que estamos acostumbrados y cuando esta situación ocurre, nuestro cuerpo nos pide una y otra vez que comamos algo lo antes posible.

Aunque parezca un hecho bastante extraño, mientras más inalcanzable y prohibido sea algo más se incrementan las ganas de obtenerlo. Todo este proceso natural donde el enfado es el protagonista posee una base en el ámbito científico que se encarga de reforzarlo.

cara de enfadado

Razones principales del por qué nos enfadamos cada vez que tenemos hambre

Por lo general, casi todas las personas se enfadan cada vez que tienen hambre. No importa si normalmente son agradables y de trato amable, cuando el cuerpo pide comida y no la obtiene esto puede llegar a convertirnos en  personas con poca paciencia y malhumoradas. Esta situación no afecta sólo al estómago, sino también al cerebro.

El mal humor se debe a que el cerebro agota sus reservas de azúcar

Cada vez que nos alimentamos, el cuerpo se encarga de convertir los hidratos de carbono, grasas y proteínas que se encuentran en los alimentos que consumimos en azúcares más simples, como por ejemplo la glucosa, que se traslada hasta el torrente sanguíneo y luego pasa a cada rincón del cuerpo.

Lo que ocurre, de manera obvia, es que cada vez que transcurren varias horas y el cuerpo no recibe ningún tipo de alimento, los niveles de glucosa se alteran, lo que hace que este se reduzca y el cerebro, el cual usa la glucosa como si se tratara de gasolina para poder funcionar correctamente, se queda sin energía.

Cuando se llega hasta este punto comenzamos a tener serios problemas para mantener la concentración, tomar las decisiones correctas y en ocasiones es casi imposible llevar a cabo actividades que normalmente suelen ser muy sencillas.

La fuerza de voluntad y el autocontrol requieren de mucha energía

Aunque no lo creas, la fuerza de voluntad no es perpetua, requiere de una gran cantidad de energía para que pueda funcionar de forma correcta.

Cada  vez que el cerebro no obtiene una cantidad adecuada de glucosa, resulta una tarea bastante complicada la de mantener la fuerza de voluntad y también el autocontrol, haciendo que actuemos de forma irracional y descontrolada, enojándonos con cualquier persona.

El enfado también se debe al instinto de supervivencia

Otro de los elementos fundamentales y que además tiene la culpa del mal humor que aparece cada vez que nuestro cuerpo nos pide comida está relacionado con el sistema de nivelación de glucosa que se encuentra  dentro del cuerpo.

Cuando los niveles de glucosa bajan, esto hace que inmediatamente se encienda un mecanismo que se encarga de liberar hormonas con el objetivo de que esta se sintetice y a su vez pueda llegar hasta el torrente sanguíneo.

Entre las hormonas liberadas se encuentran el cortisol y la adrenalina, que están asociadas directamente con el estrés. Por esta razón, cada vez que el cuerpo agota por completo las reservas de energía y de azúcar se comporta de una manera similar a como actúa delante de cualquier tipo de amenaza y es aquí donde se dan lugar las respuestas bruscas e ilógicas de las que tenemos que lamentarnos después de que hayamos comido.

Es de vital importancia que siempre se respeten los horarios pautados para cada comida

Si por algún motivo no podemos comer en una hora determinada, lo ideal es comer algo de fruta, tomar una taza de café o simplemente picar algo, esto evita que aparezca el mal humor y de esta forma podamos esperar con mejor ánimo el momento de disfrutar de una deliciosa comida completa.

Siempre es una excelente idea tener a mano algo para picar, ya que así evitaremos que aparezcan esos picos de ansiedad y mal humor.

La comida es fundamental para mantener el correcto funcionamiento de todo el organismo, por este motivo, no solo debemos consumir como mínimo unas tres comidas al día, sino que también es importante que estas sean equilibradas y ricas en nutrientes, de esta forma el organismo almacena una mayor cantidad de glucosa que permitirá que pasemos más tiempo sonriendo y al mismo tiempo evitaremos que el mal humor nos arruine el día.

En la actualidad se ha vuelto muy popular la compra de barras nutricionales, las cuales poseen un alto contenido de glucosa, bastante útiles especialmente cuando se trabaja en una oficina y se vuelve casi imposible cumplir con los horarios para comer. Estas barras son elaboradas con frutos secos, avena, etc., y son ideales para tomar a cualquier hora.

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